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| Diana Torregrosa observando la luna con su telescopio | Fuente |
“Los niños pasan gran parte de su infancia impulsados por una curiosidad natural e insaciable por la vida, pero en algún punto de ese trayecto, todos extinguimos esa llama de la curiosidad”. –Michio Kaku-
DANIEL TORREGROSA.- Si miramos a nuestro alrededor, el interés por la ciencia y el conocimiento científico en general es un hecho cultural reducido a una pequeña parte de la población. Basta con encender el televisor o la radio a cualquier hora, acercarse a un quiosco de prensa o a una librería, o preguntarle a cualquiera que pase por nuestro lado cuántos planetas hay en el sistema solar…. La pasión por la ciencia, en el mundo de los adultos, es un reducto reservado a una reducida minoría.
Pero hagamos un experimento mental. Vayamos a la calle, a un lugar donde haya muchos niños, por ejemplo un jardín donde jueguen al salir del colegio. ¿Qué creéis que ocurriría si nos ponemos delante de ellos y les enseñamos un insecto, planta o trozo de piedra para observarlo a través de un microscopio? ¿O si preparamos un improvisado volcán de lava casero con bicarbonato y vinagre? ¿O aprovechando el atardecer de este mes de marzo, dirigimos un telescopio hacia Júpiter y Venus para verlos en todo su esplendor? Todos tenemos clara la imagen de que los niños se acercarían a mirar, tocar y preguntar, quizá con cierta timidez al principio, pero al final ninguno querría perderse el espectáculo.
Sabemos e intuimos que lo anterior es cierto, pero nos resignamos a que en unos pocos años se pierda ese interés espontáneo, inocente y sincero hacia la magia de la realidad. Pondremos la excusa de la edad, los profesores que no han sabido motivar o los amigos que han sido una mala influencia. Aceptaremos con resignación e indiferencia las palabras de Michio Kaku con las que empezaba este post.
La ciencia nos enseña a vivir con los ojos abiertos. Los niños viven con los ojos abiertos y si hay cualquier cosa que esté en nuestras manos que podamos hacer para no cerrárselos, debemos hacerlo. Salir a la calle, como en el próximo evento StAS Alicante, es un buen comienzo.
Hagamos el esfuerzo de traducir la ciencia a nuestros hijos, tal y como hacía el padre del físico y premio Nobel Richard Feynman cuando éste era un niño. El esfuerzo siempre tiene su recompensa. Si no sabes de qué estoy hablando, no te pierdas este vídeo (hacia el minuto 3:40):
Nos vemos en Alicante ;-)
*Puedes conocer más a Daniel Torregrosa en su blog: Ese punto azul pálido
1 comentarios:
No puedo estar más de acuerdo contigo, Dani.
Los niños nacen desconociendo y dudando de todo, lo que es fundamental para avanzar, según el propio Feynman.
A ver si conseguimos que conozcan lo poco que aún que sabemos gracias a la ciencia, y que no tengan miedo a desconocer algo y se cobijen en otro tipo de explicaciones que esquivan a la razón.
Muy buen post, y necesario.
Nos vemos en Alicante :)
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