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jueves, 17 de mayo de 2012

Mi aventura #StAS

Publicado por Antonio Pérez Verde - 2 comentarios

ANTONIO PÉREZ VERDE - Mi aventura StAS comenzó el 5 de mayo con el SkeptiCamp. Varios ponentes, magníficos todos ellos, hablaron de la ciencia bajo un punto de vista personal. Además, tengo que decir que conocí una nueva disciplina: la criminología. Apasionante.

Pero si me tengo que quedar con algo del SkeptiCamp, lo hago con la charla que nos dio Alicia Frías, una niña de tan sólo 6 años. Con mucho desparpajo nos sorprendió a todos ya que posee una gran visión científica a pesar de su corta edad. Apunta maneras.

Alicia Frías durante su intervención. Créditos: A. Pérez Verde.

Tras el SkeptiCamp pudimos disfrutar de unas charlas generales de Astronomía a cargo de la Agrupación Astronómica de Alicante para después conectar con el gran Alfred Rosenberg donde nos mostró de manera impecable (como siempre) cómo funciona el telescopio IAC80 y tomando algunas imágenes de M1 o M95.

La previa

El miércoles siguiente se convocó a los voluntarios para empezar a asignar tareas y ver cómo podíamos trabajar de la mejor manera posible. Desde aquí tengo que agradecer a Iván y Miguel Ángel todo el trabajo que acarrearon antes y durante el StAS para organizarlo todo. Además, fueron dos de los cerebros que hicieron posible todo esto. Tampoco me puedo olvidar de Aurora y Santi que hicieron muchísimo para que todo fuera lo mejor posible. Además, Aurora fue la persona que "me llevó" al StAS.

Lo pasamos genial en Radio San Vicente. Aurora y yo fuimos a "El Cinturón de Orión" a hablar del StAS. Por fin conocí los estudios de la emisora en la que colaboro desde hace tiempo y tengo que decir que Manuel y Julián se portaron estupendamente con nosotros.

Aurora y Manuel en directo. Créditos: A. Pérez Verde.

Considero que fue una gran idea montar la exposición "De lo pequeño a lo grande" en una estación de tranvía como Luceros. Las imágenes expuestas llaman la atención, invitan a ser vistas, a ser leídas. Y como es una estación muy transitada es una muy buena forma de motivar la cultura científica de la ciudadanía.

En cuanto a los voluntarios del StAS tengo que decir que me sorprendió lo rápido que se formó la piña entre ellos. Trabajaron todos a una, de una manera extraordinariamente eficaz y luchando contra las elevadas temperaturas que sufrimos durante el montaje de los stands. Si no fuera por ellos, el StAS no hubiera sido lo que fue. A todos ellos (Carlos, Cristian, Isamá, Jesús, etc.) gracias.

Voluntarios del StAS junto a la cama del fakir. Créditos: I. Minayo.

Dentro del StAS

Un gran momento del StAS fue sin duda el acto inaugural. El hecho de escuchar a Santiago Grisolía hablando de la situación científica actual, de su vida y de los posibles futuros de la ciencia, hizo que a más de uno se nos pusiera la piel de gallina.

Santiago Grisolía en la inauguración del StAS. Créditos: A. Pérez Verde.

El stand "Jugando a ser Einstein" del Grupo de Relatividad y Gravitación de la Universidad Illes Balears me resultó muy curioso y educativo. A modo de videojuegos estaban Space Time Quest, Black Hole Pong y Black Hole Hunter donde se ponían a prueba los conocimientos sobre Física Relativista de los visitantes.

Si lo que buscábamos era ciencia espectacular, la podíamos encontrar en el stand de Hablando de Ciencia y FeelSynapsis: Extracciones de ADN, Vegetales explosivos, Deconstruyendo a Ferrán Adriá, Cohetes... Unos experimentos muy variados que no dejaron indiferente a nadie.

Pero el stand que más me gustó fue el de Mati y sus mateaventuras donde Clara -que a pesar de no ser rectora siempre le podremos llamar "Magnífica"-, su marido Alberto y sus hijos Sal y Ven hacían los juegos matemáticos de Mati tanto a grandes como a pequeños para concienciar sobre lo divertidas que pueden llegar a ser las Matemáticas. Al tiempo, Raquel dibujaba las escenas a una velocidad asombrosa. Seguro que más de uno pensó lo mismo que yo: "qué fácil parece". Era emocionante ver como en apenas un minuto, Mati aparecía en un folio en blanco (Y si no os lo creéis... Dentro vídeo!!).

Clara junto a sus hijos Sal y Ven jugando a Matemáticas con Mati. Créditos: A. Pérez Verde.

También pude jugar al QuoQuiz de la revista Quo formando equipo con Natalia, Txema y Miguel al tiempo que la Legión 501 Spanish Garrison hacía de las suyas en las carpas del StAS.

Con un miembro de la Legión 501 Spanish Garrison. Créditos: A. Pérez Verde.

Me gustó mucho también participar en el suicidio homeopático (mi primer suicidio homeopático) con Fernando como maestro de ceremonias para después disfrutar de un auténtico Cóctel de Ciencias junto a Juan y Óscar.

Además, pudimos contar con los telescopios de Federico (Agrup. Astronómica de Alicante) y Mudic. Muchas gracias a ellos por hacernos pasar un buen rato con las observaciones astronómicas y disfrutar, sobre todo, con el planeta Saturno.

Como final de fiesta, el Hombre de Negro del programa El Hormiguero vino con sus ayudantes Lucía, Gaspar y Víctor para realizar un espectáculo donde la "Ciencia a lo bestia" fue la protagonista. Como colofón Fernando y sus compañeros de AstroInnova y del proyecto Daedalus lanzaron una sonda estratosférica que alcanzó lo 35 Km de altura.

Con el Hombre de Negro. Créditos: A. Pérez Verde.

Detrás del StAS

Un gran evento como es el StAS tiene un "backstage". Más allá de las carpas y los eventos anunciados hubo situaciones como por ejemplo la desternillante cena del jueves con Natalia, Óscar, Aurora, Miguel y Clara. Digno de recordar...

Tampoco estuvieron mal las paellas alicantinas: buenísimas. Las copas y los helados en las terrazas del paseo marítimo tampoco tuvieron desperdicio. Pero lo mejor de todo, fue la buena compañía. Sin duda.

Una de las comidas que nos dimos durante el StAS. Créditos: A. Pérez Verde.

Pero lo que más ilusión me hace es que estuve en el sitio adecuado en el momento adecuado para que Mati me hiciese una proposición.

La proposición de Mati. Créditos: A. Pérez Verde / C. Grima / R. Gª. Ulldemolins.

Y para terminar me gustaría decir que seguramente algunas cosas pudieron haber salido mejor, pero os puedo asegurar que nos dejamos la piel para que todo saliera lo mejor posible, y creo que hablo en nombre de todos los organizadores y voluntarios.

Y ya con esto me despido. Hasta pronto!



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lunes, 30 de abril de 2012

Paseando hacia el pasado

Publicado por Antonio Pérez Verde - 0 comentarios

"El cosmos está constituido por todo lo que es, lo que ha sido o lo que será. La contemplación del cosmos nos perturba. Sentimos un hormigueo en la espina dorsal, un nudo en la garganta, una vaga sensación como si fuera un recuerdo lejano de que nos precipitamos en el vacío."
"Cosmos: un viaje personal" (Carl Sagan)

ANTONIO PÉREZ VERDE - Un grupo de estudiantes visitó hace unos días el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA). Estuve hablando con ellos de Astronomía. Sabían que la velocidad de la luz no es infinita, de hecho sabían su velocidad aproximada: 300.000 Km/s. También sabían que un año-luz no es una unidad de tiempo, sino de longitud y que es equivalente a 9.4 billones de Km. Y por supuesto sabían que las estrellas están alejadas varios años luz de nosotros. Sabían dónde mirarlas, pero hay una cosa de la que no se habían dado cuenta: hacia cuándo miraban.

Seguramente a muchos de vosotros os suene raro eso de "hacia cuándo mirar" pero lo entenderéis con un sencillo ejemplo: sabemos que la luz viaja a 299.792 Km/s (esa velocidad se indica con la letra "c"), por lo tanto no se propaga instantáneamente, sino que "tarda tiempo" en llegar. Por lo tanto si una estrella está alejada 10 años-luz, entre otras cosas quiere decir que la luz que estamos viendo de ella la emitió hace 10 años; durante todo ese tiempo ha estado atravesando el espacio hasta llegar a nuestros ojos.

A día de hoy, la luz marca la velocidad límite del universo.

Os voy a proponer un juego para el que sólo necesitamos un poco de imaginación: supongamos que nos podemos trasladar automáticamente a cualquier punto del universo ataviados con el telescopio más grande que podamos imaginar.  En un instante podremos recorrer las grandes distancias que nos separan de cualquier estrella o galaxia. ¿Comenzamos?

El amanecer

Iniciamos el viaje trasladándonos al puerto de Alicante. Miramos al Este mientras esperamos la salida del Sol. ¡Ahí está! El primer rayo: una bonita imagen de nuestra estrella. Pero el Sol no está aquí al lado. Está alejado 150 millones de Km, o lo que es lo mismo: 8 minutos-luz; es decir, lo vemos como era hace 8 minutos. Por lo tanto el Sol ya está sobre el horizonte cuando vemos los primeros rayos, lo que ocurre es que su luz todavía no nos ha alcanzado.

Amanecer desde la playa de El Postiguet (Alicante).

En un pasado muy muy cercano

¿Os gustaría ver lo que estabais haciendo hace 4 años? Para ello salimos de nuestro sistema solar y viajamos hacia las inmediaciones de la estrella más cercana: Próxima Centauri, situada a 4.22 años-luz de nosotros. Si enfocamos nuestro telescopio imaginario hacia la Tierra podremos hacer un pequeño viaje al pasado para ver cómo era nuestro día a día en 2008.

Pero cuatro años no son nada. Vamos a tirar la piedra un poquito más lejos, concretamente al exoplaneta más cercano que conocemos: epsilon Eridani b, un planeta situado a 10.49 años-luz de nosotros. ¿Recordáis lo que estabais haciendo en 2002? Con nuestro telescopio podremos volver a verlo.

Más lejos todavía

Viajamos ahora a una época en la que ninguno de nosotros había nacido. Veremos la Tierra hace 390 años, viajando a uno de los sistemas estelares más bellos que podemos encontrar: la estrella doble Albireo, en la constelación del Cisne.

El sistema doble Albireo (β Cygni)

Desde nuestra privilegiada atalaya vemos nuestro planeta en el año 1622. Apuntamos a Italia y podemos ver a Galileo observando a través del recién inventado telescopio. Seguro que también quedó maravillado cuando observó Albireo.

Dejamos la estrella doble y viajamos ahora a un cúmulo abierto, M35, situado en la constelación de Géminis a una distancia de 2.500 años-luz. Miramos a la Tierra y la vemos en el siglo V aC. Si prestamos atención, podemos ver incluso cómo nuestros antepasados tallan la famosa Dama de Elche.

La Dama de Elche, busto íbero tallado entre los siglos V y VI aC.

Viaje prehistórico

Hemos dado un pequeño paseo por nuestra Vía Láctea. Llega el momento de salir fuera de ella y nos dirigimos a la galaxia de Andrómeda. Desde allí apuntamos a nuestra galaxia, a nuestro planeta y... ¿qué vemos? Todo está muy cambiado, todo parece tener un aspecto salvaje. Enfocamos a África, nos vamos a la actual Etiopía y de repente... ¡sorpresa! Vemos un Australopithecus ghari! Hemos viajado 2.2 millones de años al pasado: los primeros homínidos comienzan a poblar nuestro planeta.

Viajamos ahora a NGC 1300, una galaxia situada a 61 millones de años-luz de nuestro planeta. La Vía Láctea ha desaparecido ante nuestros ojos desnudos. Con nuestro telescopio la buscamos; y dentro de ella, nuestro planeta. Lo percibimos extraño, está cubierto por una especie de niebla. ¡Claro! Hace poco que cayó el meteorito de Chicxulub, el que que acabó con los dinosaurios, cubrió toda la atmósfera de polvo impidiendo en gran medida el paso de la luz solar.

Imagen del telescopio espacial Hubble de la galaxia NGC 1300.

Ponemos el filtro infrarrojo y vemos la superficie y vemos que todavía quedan dinosaurios, y es que el meteorito no acabó con ellos instantáneamente, sino que fue un proceso que duró varios millones de años. 

Se acabó el billete

Dejamos la galaxia NGC 1300 y volvemos a nuestro planeta. Ya no vemos dinosaurios ni Australopithecus, ni siquiera podemos ver el cielo que veía Galileo ya que la contaminación lumínica no nos deja ver todas las estrellas que el vio.

No cabe duda que cuando miramos al cielo estamos viendo el pasado, estamos viendo cómo eran las estrellas, las galaxias y demás cuerpos celestes hace mucho tiempo. Incluso puede que estemos viendo luz de galaxias o estrellas que ya han desaparecido. No lo sabremos hasta que sus últimas luces recorran su camino y lleguen a nuestros ojos.


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lunes, 23 de abril de 2012

Asclepio, el zodiaco y los horóscopos

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"La posición de Marte en el momento de mi nacimiento no influyó sobre mí, ni entonces ni ahora (...) La única influencia de Marte que podía afectarme era su fuerza gravitatoria; sin embargo, la influencia gravitatoria de la matrona era mucho mayor"
Carl Sagan (1934-1996)

ANTONIO PÉREZ VERDE - Cuenta la mitología griega que la mortal Corónide concibió un hijo con el dios del Olimpo Apolo. Se llamó Asclepio, dios de la Medicina, y en sus representaciones suele ir acompañado por una serpiente enrollada a un bastón.

Se decía que Asclepio era capaz de resucitar a los muertos, capacidad que no le hacía gracia a Zeus por lo que decidió matarlo con un rayo. Apolo, indignado, decidió llevarlo a los cielos en forma de constelación: Ofiuco, el portador de la serpiente.

Constelaciones y zodiaco

Antiguamente, de entre todas las constelaciones destacaban 12 muy especiales: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Escorpión, Ofiuco, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Se les denominó constelaciones del zodiaco o zodiacales.

Pero, ¿qué significa zodiaco? Es una palabra de origen griego, zoondiakos, (zoon, animal; diakos, rueda), que significa "rueda de animales".

Representación del zodiaco en un manuscrito islámico.

Hace 4000 años los babilonios ya usaban el concepto de zodiaco celeste. De hecho dividieron la franja zodiacal en 12 partes iguales. Dependiendo del lugar que ocupase el Sol en el momento del nacimiento y de la posición de las "estrellas herrantes" (planetas), creían que el destino de la persona ya estaba escrito.

Una nueva constelación

Como habréis podido observar en el listado anterior de constelaciones zodiacales no aparece Libra. No es que me haya olvidado de ella, lo que ocurre es que en la Grecia antigua todavía no “existía”, aunque sí las estrellas que la componen actualmente.

Una de las historias que narra cómo llegó Libra al zodiaco tiene que ver con Julio César. Y es que el emperador quiso tener una constelación en el cielo, y no cualquier constelación: tenía que ser zodiacal. Pero claro... las constelaciones zodiacales ya estaban asignadas.

La solución que aportó Julio César: dividir en dos partes alguna de las constelaciones zodiacales. Para ello optaron por “romper” la constelación de Escorpión, así pues le "quitaron" las pinzas y con ella harían una nueva constelación.

¿Qué figura compusieron? Julio César lo tuvo claro: una balanza simbolizando la justicia que él decía representar. Y así fue: con las estrellas de las pinzas del Escorpión elaboraron la nueva constelación de Libra, la balanza.

La constelación de Escorpión antes y después de ser "mutilada".

Triscaidecafobia

La inclusión de una balanza en el zodiaco tuvo inconvenientes ya que se rompió la definición porque la balanza no era un animal. Pero ocurría algo peor: había un total de 13 constelaciones zodiacales y por aquella época este número ya no era bien avenido debido a motivos supersticiosos que no vienen a cuento.

Para eliminar el número 13 del zodiaco decidieron eliminar una constelación zodiacal, que por supuesto no iba a ser Libra. Tras varias deliberaciones decidieron eliminar a Ofiuco porque era el dios que trataba con la serpiente, animal encarnado por el demonio que tentó a Adán y Eva.

Una vez Ofiuco estuvo fuera de las constelaciones zodiacales, todos estuvieron contentos y felices porque ya volvían a tener 12 signos del zodiaco y podían predecir el futuro sin encontrarse al maldito número 13 por medio.

Representació de Ofiuco.

Siglos después, de la astrología surgió una nueva disciplina: la Astronomía. Una utiliza el método científico para llegar a conclusiones y formular leyes; otros, se basan en creencias místicas. Creo que no hace falta decir cuál es cada una de ellas...

Un poco de Ciencia

Cuando las técnicas de observación mejoraron se comprobó que la constelación de Cetus, el monstruo marino, es atravesada no sólo por los planetas del Sistema Solar, sino también por el Sol durante unas horas, por lo tanto ya no serían 13 sino 14 las constelaciones zodiacales. Y Cetus sí que se adapta a la definición de zodiaco ya que estamos hablando de un animal.

Otra aspecto es que en estos últimos 4000 años no se ha tenido en cuenta la precesión de los equinoccios: en una fecha determinada el Sol no se encuentra en el mismo lugar que hace 4000 años. Como consecuencia, el desplazamiento es de unos 30 días y las fechas que marcan la entrada y salida del Sol en las constelaciones zodiacales no son las mismas hoy que hace 4000 años.

Cetus, el monstruo marino, en un grabado de 1690 del astrónomo Johannes Hevelius.

Además no todos los signos tienen la misma longitud. Por ejemplo, el Sol está en el signo de Virgo durante 45 días, mientras que en Escorpión tan sólo 9. Y podríamos seguir analizando científicamente este tema dándonos cuenta del poco rigor científico que hay en este tipo de prácticas.

Por cierto, un último mensaje dirigido a los nacidos entre el 30 de noviembre y el 12 de diciembre: no os molestéis en leer los horóscopos de las revistas. Sois Ofiucos. No estáis. :P


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miércoles, 11 de abril de 2012

Un paseo por el cielo

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"Na Arean estaba sentado solo en el espacio como una nube que flota en la nada. No dormía porque no existía el sueño; no tenía hambre porque todavía no había hambre. Estuvo así durante mucho tiempo hasta que se le ocurrió una idea. Se dijo a sí mismo: Voy a hacer una cosa."
Mito de Maia sobre el origen del universo
 
ANTONIO PÉREZ VERDE - Justamente en un mes estaremos inmersos en el StAS y la Astronomía será uno de los tres platos fuertes. De aperitivo: observación astronómica el 5 de mayo. ¿Qué podremos ver en el cielo esa noche? Para descubrirlo, os propongo un viaje desde lo más próximo a lo más lejano. Os propongo: un paseo por el cielo.

Nuestro barrio

Antes de nada, os quiero presentar a una compañera de viaje que nos acompañará durante toda la noche: nuestra Luna, que situada a 355740 Km. y en una fase Luna llena (96%) nos iluminará a lo largo de nuestro recorrido.

Tras la puesta de Sol podremos disfrutar de algunos de nuestros vecinos del sistema solar. Comenzaremos nuestro viaje recorriendo los 61.76 millones de Km. que nos separan del planeta que simboliza la diosa romana del amor: Venus. Y deberemos viajar rápido, ya que se ocultará en el horizonte a las 00:08h de la noche.

Para continuar nuestro camino viajaremos 147.10 millones de Km. hasta Ares, dios de la guerra, un planeta que nosotros lo conocemos con el nombre de Marte. En nuestro viaje nos toparíamos con sus dos lunas, Phobos y Deimos, simbolizando al dios del miedo y al dios del terror, hijos de Ares. El problema es que son tan pequeñas que serán invisibles a nuestros telescopios.

Y todavía más alejado, situado a 1317.12 millones de Km. de nosotros, tendremos al dios romano de la Agricultura, un auténtico señor de los anillos: Saturno. Un regalo para la vista ya que observarlo es un espectáculo que nos dejará con la boca abierta. Y en este caso sí que podremos apreciar algunos de sus satélites como por ejemplo Titán, Rhea, Tetis o Dione.

Saturno y sus satélites vistos al telescopio. Créditos: F. Cabrerizo/E. Gonzalo.

Nuestra ciudad

Y ahora nos dispondremos a salir fuera de nuestro barrio: traspasaremos las fronteras de nuestro sistema solar. En Astronomía lo conocemos como “cielo profundo”. Pero de momento nos quedaremos en nuestra galaxia. Antes de nada, deberemos cambiar las unidades de medida ya que el kilómetro no será una medida cómoda. A partir de ahora hablaremos del “año luz” (a.l.), equivalente a 9.46 billones de Km.

Para observar en las mejores condiciones los objetos de cielo profundo esperaremos al crepúsculo astronómico, que es cuando el Sol se sitúa a 18º bajo el horizonte. Es a partir de ahí cuando se podrán detectar los objetos más débiles, y esto sucederá a las 22:39h.

Comenzaremos nuestro viaje con una estrella situada a 603 a.l. de nosotros. Aparecerá por el Este minutos antes del crepúsculo astronómico y será visible a simple vista, de hecho es una de las 20 estrellas más brillantes de nuestros cielos. Mostrará un intenso color rojizo indicándonos que está en la última etapa de su vida, un color que advierte que pronto estallará como supernova. Antiguamente, el nombre de esta estrella era Kalb al Akrab, “corazón del escorpión”. Tanto el color como el brillo de esta estrella rivalizaba con el antes mencionado dios de la guerra. Por este motivo, pasó a llamarse anti-Ares, “rival de Ares”, y de ahí su nombre actual: Antares.

Viajaremos ahora a la constelación de Lyra. Cuenta la leyenda que este instrumento fue tocado por Orfeo: su música era escuchada placenteramente incluso por las bestias. En esta constelación podremos disfrutar de la nebulosa del anillo, una nebulosa planetaria situada a 2300 a.l. que nos mostrará cómo es la última etapa de una estrella del tamaño del Sol. A través de un telescopio se apreciará como una difusa rosquilla. Si las condiciones son buenas, en el centro se apreciará la estrella moribunda.

Nebulosa del Anillo. Créditos: HST/AURA/STSCI/NASA

Pondremos rumbo ahora hacia la constelación de Hércules. En la mitología representa al semidios griego Heracles, famoso por su fuerza sobrehumana. En el cielo aparece arrodillado, aplastando a la serpiente que custodiaba las manzanas de las Hespérides. A una distancia de 25100 a.l. en esta constelación nos encontraremos con el 13º objeto del catálogo de Messier: el gran cúmulo de Hércules, un conjunto de unas 700000 estrellas agrupadas en forma de esfera. A simple vista se podrá intuir el objeto, pero a ojos de un telescopio no dejará indiferente a nadie.

Nuestro hogar

Será entonces el momento de abandonar nuestra Vía Láctea. Estaremos en el espacio intergaláctico y disfrutaremos de las galaxias que nos ofrezca la noche.

Comenzaremos por una constelación básica como es la Osa Mayor. Antiguamente representaba a un buey que era guiado por Arcturus, el boyero encargado de guiarlas por el cielo. Prosiguiendo con nuestro viaje, nos trasladaremos 12 millones de a.l. rumbo a esta constelación hasta encontrarnos la galaxia de Bode (Messier 81), una galaxia espiral cuyo tamaño es unas 3 veces menor que el de la Vía Láctea.

Seguiremos el viaje apuntando hacia la constelación de Cepheus, esposo de Cassiopea y padre de Andrómeda. Desplazándonos 22 millones de a.l. nos encontraremos con la galaxia espiral NGC 6946, conocida popularmente como la "galaxia de los fuegos artificiales" por ser la galaxia en la que más explosiones de supernova se han detectado: un total de 8.

NGC 6946, galaxia de los "fuegos artificiales". Créditos: Subaru Telescope/R. Gendler.

Y ahora nos trasladaremos hacia la constelación de Leo, rey de todas las bestias que alberga la estrella Regulus, “pequeño rey”. Cuenta la leyenda que la persona que nace cuando el Sol oculta esa estrella está destinado a ser Rey, hoy en día eso se produce el 22 de agosto. En esta constelación y sin dejar las supernovas, a 32 millones de a.l. podremos encontrar la galaxia espiral barrada NGC 3351 (Messier 95), muy similar en aspecto a nuestra Vía Láctea en la que recientemente estalló una supernova. Será un buen momento para observarla.

Vuelta a casa

Y con todo esto, habremos entrado en la madrugada y será la hora de volver a nuestro pequeño planeta.

¿Habéis disfrutado con la lectura? Lo que os acabo de contar es tan sólo un aperitivo de lo que os espera en el StAS. Os invito a que participéis de las observaciones astronómicas que tendrán lugar y que recuperéis la curiosidad que tienen los niños. ¿Por qué? Porque a través de un telescopio tendremos el universo a nuestro alcance y podremos mirarle a los ojos.


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miércoles, 28 de marzo de 2012

Vida... ¿Dónde StAS?

Publicado por Antonio Pérez Verde - 2 comentarios

"Si estamos sólos en el universo, cuánto espacio desaprovechado"
Carl Sagan (1934-1994)

ANTONIO PÉREZ VERDE - ¿Estamos sólos en el universo? Ésta ha sido la gran pregunta que se ha planteado la humanidad, y no sólo en el pasado, sino también en el presente. Y responder a esta pregunta puede resultar muy complicado, pero a la vez muy sencillo.

El universo es muy grande, es el lugar más grande que jamás soñaremos imaginar, y sería demasiada casualidad que estuviéramos sólos aquí. Pero si nos vamos a las evidencias, a las pruebas, a los resultados, la respuesta es clara: a día de hoy, estamos sólos.

La Tierra: el único lugar donde sabemos que hay vida.
Y de nuevo... una manzana

Si solamente nos alimentásemos de manzanas, podríamos hablar de manzanas reineta, esperiega o fuji. Todas ellas serían identificadas como alimento porque sabríamos buscarlas y encontrarlas. Pero... ¿y si en lugar de una manzana nos encontramos un gazpacho manchego? No tendríamos forma de compararlo con los alimentos que conocemos y lo descartaríamos como tal.

Manzanas frente a gazpacho manchego.
Con la vida pasa algo parecido, y es que sólo conocemos la vida en la Tierra. No sabemos buscar otras formas y por lo tanto, no podemos encontrarlas. Hasta que no tengamos indicios de cómo se pueden desarrollar estas "nuevas vidas", no sabremos cómo rastrearlas.

¿Dónde buscamos?

Para comenzar a buscar podemos hacer una primera diferenciación: ¿buscamos dentro o fuera del sistema solar? Las herramientas son muy distintas ya que dentro podemos enviar sondas o vehículos espaciales que toman muestras y las analizan in situ; si estamos fuera, el único dato que tenemos es la luz que nos llega de aquellos lugares.

Dentro del sistema solar los estudios se están centrando sobre todo en Marte, Europa (satélite de Júpiter), Titán (satélite de Saturno) y Encélado (satélite de Saturno). El porqué de esta elección es debido a que en nuestro planeta hay ambientes habitados por microorganismos donde algunas características son similares a las que tenemos en estos cuerpos del sistema solar.

A estos ambientes se les conoce como análogos terrestres y nos indican -entre otras cosas- cómo buscar vida en las proximidades de nuestro pequeño planeta. Ejemplos de estos análogos terrestres son Río Tinto (Huelva), el parque de Yellowstone (Estados Unidos) o los hielos antárticos.

Río Tinto, un análogo terrestre de Marte.
Para buscar vida fuera del sistema solar tenemos que remontarnos a 1995 cuando Michel Mayor y Didier Queloz descubrieron el primer exoplaneta. A día de hoy hemos aumentado la cuenta al número de 763, pero de todos ellos nos interesan las exotierras, que son aquellas cuyo tamaño es similar al de nuestro planeta: si queremos encontrar vida, tenemos que buscarla en sitios lo más parecidos al nuestro.

No hay que olvidar la ayuda del observatorio espacial Kepler. Gracias a él ha aumentado notablemente el número de exotierras. Tras los resultados que se están obteniendo, Jack Lissauer -investigador principal del Kepler- opina que "es lo más grande que ha ocurrido en investigación de exoplanetas desde 1995”.

Jack Lissauer (izqda), Michel Mayor (dcha) y el que escribe
estas líneas (centro).
Otro aspecto importante es el concepto de zona de habitabilidad: es la zona alrededor de la estrella donde se podría mantener agua en estado líquido. Por lo tanto, la exotierra deberá de estar en esta zona y habrá que tener en cuenta el posible efecto invernadero que pueda generar su atmósfera. Con todo ello, los valores en superficie deberán estar en el intervalo de 0º C a 100º C.

Señales de vida

Para buscar nichos de vida pasada debemos buscar lo que se conoce como biomarcadores: moléculas que son generadas biológicamente. El problema es que en algunos casos también pueden producirse por procesos geoquímicos. Pero es lo único que tenemos para comenzar a buscar, o al menos de momento. Algunos biomarcadores son el metano, el dióxido de carbono o el oxígeno molecular.

El metano es considerado buen biomarcador a la hora de buscar
vida fuera de la Tierra.
Hay algo que he obviado desde el principio, y es que la búsqueda de vida tiene por objetivo buscar vida a nivel microscópico. ¿Por qué? Si la vida ha surgido fuera de la Tierra, sabemos casi con total seguridad que las primeras formas de vida fueron muy sencillas, para posteriormente especializarse y formar organismos más complejos. Así pues es más fácil encontrar los restos de las primeras formas de vida ya que si buscamos organismos más evolucionados corremos el riesgo de que no existan.

Vida... ¿Inteligente?

Y ya si hablamos de vida inteligente, deberíamos redefinir el concepto de inteligencia. ¿Qué es la inteligencia? Una vez respondamos la pregunta, podremos empezar a buscar incluso en nuestro propio planeta.

No sabemos cuándo encontraremos vida fuera de la Tierra. Lo que sí es seguro es que aquí la vida surgió, evolucionó y dio lugar a seres como nosotros capaces de leer, de investigar, de divulgar...

Y si ha sucedido aquí, ¿por qué no en más lugares? Tal vez haya otras civilizaciones que también se planteen si están sólos en el universo.


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viernes, 16 de marzo de 2012

Caroline está en la Luna

Publicado por Antonio Pérez Verde - 1 comentarios

“Recuerdo que mi padre me llevaba las noches despejadas a la calle para que me familiarizara con las hermosas constelaciones”
(Caroline L. Herschel, 1750-1848)

ANTONIO PÉREZ VERDE - No hace demasiados años fueron muchos los astrónomos que trabajaron a la sombra de otros científicos con más renombre. A consecuencia de ello, la mayor parte de los trabajos de estos actores secundarios pasaban sin pena ni gloria por el mundo científico.

Se acentuaba si se trataba de una mujer: cuando una astrónoma presentaba un trabajo científico no solía ser tenido en consideración. Pero... ¡cuidado! Todo cambiaba cuando ese mismo trabajo iba firmado por un astrónomo varón: el impacto de la investigación cobraba una mayor magnitud.

Uno de los casos de mujeres astrónomas que durante muchos años estuvieron a la sombra fue el de Caroline Herschel, hermana menor del astrónomo alemán William Herschel. Hoy se cumplen 262 años de su nacimiento, así que esta será mi contribución para rendirle un pequeño homenaje.

Imagen de Caroline Herschel tomada por su sobrino
John Herschel (Frontispiece of Letters and Correspondence
of Caroline Herschel).
Caroline Lucretia Herschel nació el 16 de marzo de 1750 en Hannover (Alemania) doce años después que su hermano William. Tanto ella como él fueron iniciados en el mundo de la Astronomía desde la infancia por un padre aficionado a los astros.

Pero su familia no se dedicaba a la Astronomía: casi todos sus miembros estaban brindados al mundo de la música. De hecho, su padre se ganaba la vida tocando el oboe y sus hermanos Alexander y William cursaban estudios de música. Caroline se sumó a la tradición familiar estudiando canto.

Fue la formación que obtuvo en el mundo musical la única que recibió de manera formal ya que su familia pensaba que se debía dedicar a ser una buena ama de casa. Cuando Caroline tenía 16 años su padre murió y su madre la obligó a realizar todas las tareas domésticas. Por esa época su hermano William ya se había trasladado a Bath (Inglaterra) como maestro de coro y organista de la Octagon Chapel.

Pero cuando Caroline tenía 22 años, su hermano William la convenció para que se fuera a vivir con él; se fueron forjando una carrera en el mundo de la música: Caroline en el mundo del canto y William aspiraba a ser director de orquesta.  Los dos hermanos compaginaban el mundo de la música con el oficio de construir telescopios, tarea que se les daba especialmente bien. Caroline se convirtió en su ayudante a la hora de tallar lentes y hacer las maquetas de los grandes telescopios que años más tarde encumbraron a su hermano.

Dibujo original de uno de los telescopios de los Herschel.
Cuando Caroline tenía 31 años, William descubrió el planeta Urano -seguramente con la ayuda de su hermana- lanzándolo a la fama del mundo astronómico y abandonando así la música. A raíz de ello, Caroline abandonó el canto: había quedado nuevamente fascinada por el mundo de la Astronomía y se quería dedicar a ello.

Su entusiasmo hizo que aprendiera Astronomía en profundidad y ese aprendizaje dio lugar a una dilatada experiencia. A la edad de 36 años ya tenía su propio observatorio astronómico para trabajar de manera independiente, obteniendo grandes resultados: descubrió su primer cometa, siendo la primera mujer en descubrir uno. Más tarde descubriría 7 más, en 5 de ellos se cuestionó su prioridad, pero con el paso de los años, 6 de ellos llevarán su nombre.

Con 37 años vio como su hermano fue nombrado astrónomo del rey Jorge III, pero la capacidad que mostraba Caroline no pasó desapercibida: el Rey le asignó un salario como ayudante. Así pasó a ser la primera astrónoma profesional ya que es el primer caso conocido de la asignación de un salario a una mujer por dedicarse a la Astronomía.

Un año después de ser nombrada oficialmente ayudante de su hermano, de manera independiente descubrió el cometa más importante de su carrera. Días más tarde el mismo cometa también fue observado por Maskelyne y Messier. En 1939, poco antes de su siguiente perihelio, el mismo cometa fue observado nuevamente por Roger Rigollet, quedando bautizado como 35P/Herschel-Rigollet.

Sello conmemorativo del 750 aniversario de Hannover (Alemania)
con la imagen de Caroline Herschel.
El apelativo de “ayudante” se quedaba corto para el trabajo que realizaba Caroline: revisó el catálogo de John Flamsteed, lo modificó y el resultado fue publicado por la Royal Society en 1798. Esta modificación contenía un índice de las observaciones de Flamsteed, una fe de erratas y una lista de más de 560 estrellas que no habían sido incluidas. Además, descubrió varias nebulosas y cúmulos de estrellas.

Cuando Caroline tenía 42 años nació su sobrino John, hijo de William. La astrónoma estuvo muy cerca de su recién nacido sobrino, iniciándolo en la Astronomía a una edad muy temprana. Años más tarde, John Herschel también sería un astrónomo de fama mundial.

Cuando murió su hermano William, Caroline contaba con 72 años y decidió regresar a su Alemania natal. Desde allí mantuvo correspondencia con su sobrino John y con otros científicos importantes.

Seis años después recibió la Medalla de Oro de la Royal Astronomical Society, convirtiéndose en la primera mujer en ser miembro honorario de esta sociedad. A los 86 años fue elegida miembro de la Royal Irish Academy, y 10 años después, cuando contaba con la edad de 96 años el rey de Prusia le concedió la Medalla de Oro de la Ciencia. Un año después, en 1848 y con 97 años murió en Hannover, la ciudad que le vio nacer.

A raíz de su muerte fue reconocido gran parte del trabajo que realizó de manera independiente. Además, en 1889 se bautizó en su honor al asteroide 281-Lucretia (su segundo nombre) y en el siglo pasado fue nombrado en su honor el cráter lunar C. Herschel.

Así que cada vez que apuntemos un telescopio a la Luna, echemos un vistazo a Mare Imbrium y veamos ese pequeño cráter llamado C. Herschel, estaremos recordando que hubo un día una mujer llamada Caroline que se abrió camino en un mundo dominado por hombres.

Cráter C. Herschel en la Luna.

* Puedes conocer más a Antonio Pérez Verde en su blog Los Pilares de la Ciencia y en Twitter: @aperezverde