lunes, 30 de abril de 2012

Paseando hacia el pasado

Publicado por Antonio Pérez Verde - 0 comentarios

"El cosmos está constituido por todo lo que es, lo que ha sido o lo que será. La contemplación del cosmos nos perturba. Sentimos un hormigueo en la espina dorsal, un nudo en la garganta, una vaga sensación como si fuera un recuerdo lejano de que nos precipitamos en el vacío."
"Cosmos: un viaje personal" (Carl Sagan)

ANTONIO PÉREZ VERDE - Un grupo de estudiantes visitó hace unos días el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA). Estuve hablando con ellos de Astronomía. Sabían que la velocidad de la luz no es infinita, de hecho sabían su velocidad aproximada: 300.000 Km/s. También sabían que un año-luz no es una unidad de tiempo, sino de longitud y que es equivalente a 9.4 billones de Km. Y por supuesto sabían que las estrellas están alejadas varios años luz de nosotros. Sabían dónde mirarlas, pero hay una cosa de la que no se habían dado cuenta: hacia cuándo miraban.

Seguramente a muchos de vosotros os suene raro eso de "hacia cuándo mirar" pero lo entenderéis con un sencillo ejemplo: sabemos que la luz viaja a 299.792 Km/s (esa velocidad se indica con la letra "c"), por lo tanto no se propaga instantáneamente, sino que "tarda tiempo" en llegar. Por lo tanto si una estrella está alejada 10 años-luz, entre otras cosas quiere decir que la luz que estamos viendo de ella la emitió hace 10 años; durante todo ese tiempo ha estado atravesando el espacio hasta llegar a nuestros ojos.

A día de hoy, la luz marca la velocidad límite del universo.

Os voy a proponer un juego para el que sólo necesitamos un poco de imaginación: supongamos que nos podemos trasladar automáticamente a cualquier punto del universo ataviados con el telescopio más grande que podamos imaginar.  En un instante podremos recorrer las grandes distancias que nos separan de cualquier estrella o galaxia. ¿Comenzamos?

El amanecer

Iniciamos el viaje trasladándonos al puerto de Alicante. Miramos al Este mientras esperamos la salida del Sol. ¡Ahí está! El primer rayo: una bonita imagen de nuestra estrella. Pero el Sol no está aquí al lado. Está alejado 150 millones de Km, o lo que es lo mismo: 8 minutos-luz; es decir, lo vemos como era hace 8 minutos. Por lo tanto el Sol ya está sobre el horizonte cuando vemos los primeros rayos, lo que ocurre es que su luz todavía no nos ha alcanzado.

Amanecer desde la playa de El Postiguet (Alicante).

En un pasado muy muy cercano

¿Os gustaría ver lo que estabais haciendo hace 4 años? Para ello salimos de nuestro sistema solar y viajamos hacia las inmediaciones de la estrella más cercana: Próxima Centauri, situada a 4.22 años-luz de nosotros. Si enfocamos nuestro telescopio imaginario hacia la Tierra podremos hacer un pequeño viaje al pasado para ver cómo era nuestro día a día en 2008.

Pero cuatro años no son nada. Vamos a tirar la piedra un poquito más lejos, concretamente al exoplaneta más cercano que conocemos: epsilon Eridani b, un planeta situado a 10.49 años-luz de nosotros. ¿Recordáis lo que estabais haciendo en 2002? Con nuestro telescopio podremos volver a verlo.

Más lejos todavía

Viajamos ahora a una época en la que ninguno de nosotros había nacido. Veremos la Tierra hace 390 años, viajando a uno de los sistemas estelares más bellos que podemos encontrar: la estrella doble Albireo, en la constelación del Cisne.

El sistema doble Albireo (β Cygni)

Desde nuestra privilegiada atalaya vemos nuestro planeta en el año 1622. Apuntamos a Italia y podemos ver a Galileo observando a través del recién inventado telescopio. Seguro que también quedó maravillado cuando observó Albireo.

Dejamos la estrella doble y viajamos ahora a un cúmulo abierto, M35, situado en la constelación de Géminis a una distancia de 2.500 años-luz. Miramos a la Tierra y la vemos en el siglo V aC. Si prestamos atención, podemos ver incluso cómo nuestros antepasados tallan la famosa Dama de Elche.

La Dama de Elche, busto íbero tallado entre los siglos V y VI aC.

Viaje prehistórico

Hemos dado un pequeño paseo por nuestra Vía Láctea. Llega el momento de salir fuera de ella y nos dirigimos a la galaxia de Andrómeda. Desde allí apuntamos a nuestra galaxia, a nuestro planeta y... ¿qué vemos? Todo está muy cambiado, todo parece tener un aspecto salvaje. Enfocamos a África, nos vamos a la actual Etiopía y de repente... ¡sorpresa! Vemos un Australopithecus ghari! Hemos viajado 2.2 millones de años al pasado: los primeros homínidos comienzan a poblar nuestro planeta.

Viajamos ahora a NGC 1300, una galaxia situada a 61 millones de años-luz de nuestro planeta. La Vía Láctea ha desaparecido ante nuestros ojos desnudos. Con nuestro telescopio la buscamos; y dentro de ella, nuestro planeta. Lo percibimos extraño, está cubierto por una especie de niebla. ¡Claro! Hace poco que cayó el meteorito de Chicxulub, el que que acabó con los dinosaurios, cubrió toda la atmósfera de polvo impidiendo en gran medida el paso de la luz solar.

Imagen del telescopio espacial Hubble de la galaxia NGC 1300.

Ponemos el filtro infrarrojo y vemos la superficie y vemos que todavía quedan dinosaurios, y es que el meteorito no acabó con ellos instantáneamente, sino que fue un proceso que duró varios millones de años. 

Se acabó el billete

Dejamos la galaxia NGC 1300 y volvemos a nuestro planeta. Ya no vemos dinosaurios ni Australopithecus, ni siquiera podemos ver el cielo que veía Galileo ya que la contaminación lumínica no nos deja ver todas las estrellas que el vio.

No cabe duda que cuando miramos al cielo estamos viendo el pasado, estamos viendo cómo eran las estrellas, las galaxias y demás cuerpos celestes hace mucho tiempo. Incluso puede que estemos viendo luz de galaxias o estrellas que ya han desaparecido. No lo sabremos hasta que sus últimas luces recorran su camino y lleguen a nuestros ojos.


* Puedes conocer más a Antonio Pérez Verde en su blog Los Pilares de la Ciencia y en Twitter: @aperezverde