miércoles, 11 de abril de 2012

Un paseo por el cielo

Publicado por Antonio Pérez Verde - 0 comentarios

"Na Arean estaba sentado solo en el espacio como una nube que flota en la nada. No dormía porque no existía el sueño; no tenía hambre porque todavía no había hambre. Estuvo así durante mucho tiempo hasta que se le ocurrió una idea. Se dijo a sí mismo: Voy a hacer una cosa."
Mito de Maia sobre el origen del universo
 
ANTONIO PÉREZ VERDE - Justamente en un mes estaremos inmersos en el StAS y la Astronomía será uno de los tres platos fuertes. De aperitivo: observación astronómica el 5 de mayo. ¿Qué podremos ver en el cielo esa noche? Para descubrirlo, os propongo un viaje desde lo más próximo a lo más lejano. Os propongo: un paseo por el cielo.

Nuestro barrio

Antes de nada, os quiero presentar a una compañera de viaje que nos acompañará durante toda la noche: nuestra Luna, que situada a 355740 Km. y en una fase Luna llena (96%) nos iluminará a lo largo de nuestro recorrido.

Tras la puesta de Sol podremos disfrutar de algunos de nuestros vecinos del sistema solar. Comenzaremos nuestro viaje recorriendo los 61.76 millones de Km. que nos separan del planeta que simboliza la diosa romana del amor: Venus. Y deberemos viajar rápido, ya que se ocultará en el horizonte a las 00:08h de la noche.

Para continuar nuestro camino viajaremos 147.10 millones de Km. hasta Ares, dios de la guerra, un planeta que nosotros lo conocemos con el nombre de Marte. En nuestro viaje nos toparíamos con sus dos lunas, Phobos y Deimos, simbolizando al dios del miedo y al dios del terror, hijos de Ares. El problema es que son tan pequeñas que serán invisibles a nuestros telescopios.

Y todavía más alejado, situado a 1317.12 millones de Km. de nosotros, tendremos al dios romano de la Agricultura, un auténtico señor de los anillos: Saturno. Un regalo para la vista ya que observarlo es un espectáculo que nos dejará con la boca abierta. Y en este caso sí que podremos apreciar algunos de sus satélites como por ejemplo Titán, Rhea, Tetis o Dione.

Saturno y sus satélites vistos al telescopio. Créditos: F. Cabrerizo/E. Gonzalo.

Nuestra ciudad

Y ahora nos dispondremos a salir fuera de nuestro barrio: traspasaremos las fronteras de nuestro sistema solar. En Astronomía lo conocemos como “cielo profundo”. Pero de momento nos quedaremos en nuestra galaxia. Antes de nada, deberemos cambiar las unidades de medida ya que el kilómetro no será una medida cómoda. A partir de ahora hablaremos del “año luz” (a.l.), equivalente a 9.46 billones de Km.

Para observar en las mejores condiciones los objetos de cielo profundo esperaremos al crepúsculo astronómico, que es cuando el Sol se sitúa a 18º bajo el horizonte. Es a partir de ahí cuando se podrán detectar los objetos más débiles, y esto sucederá a las 22:39h.

Comenzaremos nuestro viaje con una estrella situada a 603 a.l. de nosotros. Aparecerá por el Este minutos antes del crepúsculo astronómico y será visible a simple vista, de hecho es una de las 20 estrellas más brillantes de nuestros cielos. Mostrará un intenso color rojizo indicándonos que está en la última etapa de su vida, un color que advierte que pronto estallará como supernova. Antiguamente, el nombre de esta estrella era Kalb al Akrab, “corazón del escorpión”. Tanto el color como el brillo de esta estrella rivalizaba con el antes mencionado dios de la guerra. Por este motivo, pasó a llamarse anti-Ares, “rival de Ares”, y de ahí su nombre actual: Antares.

Viajaremos ahora a la constelación de Lyra. Cuenta la leyenda que este instrumento fue tocado por Orfeo: su música era escuchada placenteramente incluso por las bestias. En esta constelación podremos disfrutar de la nebulosa del anillo, una nebulosa planetaria situada a 2300 a.l. que nos mostrará cómo es la última etapa de una estrella del tamaño del Sol. A través de un telescopio se apreciará como una difusa rosquilla. Si las condiciones son buenas, en el centro se apreciará la estrella moribunda.

Nebulosa del Anillo. Créditos: HST/AURA/STSCI/NASA

Pondremos rumbo ahora hacia la constelación de Hércules. En la mitología representa al semidios griego Heracles, famoso por su fuerza sobrehumana. En el cielo aparece arrodillado, aplastando a la serpiente que custodiaba las manzanas de las Hespérides. A una distancia de 25100 a.l. en esta constelación nos encontraremos con el 13º objeto del catálogo de Messier: el gran cúmulo de Hércules, un conjunto de unas 700000 estrellas agrupadas en forma de esfera. A simple vista se podrá intuir el objeto, pero a ojos de un telescopio no dejará indiferente a nadie.

Nuestro hogar

Será entonces el momento de abandonar nuestra Vía Láctea. Estaremos en el espacio intergaláctico y disfrutaremos de las galaxias que nos ofrezca la noche.

Comenzaremos por una constelación básica como es la Osa Mayor. Antiguamente representaba a un buey que era guiado por Arcturus, el boyero encargado de guiarlas por el cielo. Prosiguiendo con nuestro viaje, nos trasladaremos 12 millones de a.l. rumbo a esta constelación hasta encontrarnos la galaxia de Bode (Messier 81), una galaxia espiral cuyo tamaño es unas 3 veces menor que el de la Vía Láctea.

Seguiremos el viaje apuntando hacia la constelación de Cepheus, esposo de Cassiopea y padre de Andrómeda. Desplazándonos 22 millones de a.l. nos encontraremos con la galaxia espiral NGC 6946, conocida popularmente como la "galaxia de los fuegos artificiales" por ser la galaxia en la que más explosiones de supernova se han detectado: un total de 8.

NGC 6946, galaxia de los "fuegos artificiales". Créditos: Subaru Telescope/R. Gendler.

Y ahora nos trasladaremos hacia la constelación de Leo, rey de todas las bestias que alberga la estrella Regulus, “pequeño rey”. Cuenta la leyenda que la persona que nace cuando el Sol oculta esa estrella está destinado a ser Rey, hoy en día eso se produce el 22 de agosto. En esta constelación y sin dejar las supernovas, a 32 millones de a.l. podremos encontrar la galaxia espiral barrada NGC 3351 (Messier 95), muy similar en aspecto a nuestra Vía Láctea en la que recientemente estalló una supernova. Será un buen momento para observarla.

Vuelta a casa

Y con todo esto, habremos entrado en la madrugada y será la hora de volver a nuestro pequeño planeta.

¿Habéis disfrutado con la lectura? Lo que os acabo de contar es tan sólo un aperitivo de lo que os espera en el StAS. Os invito a que participéis de las observaciones astronómicas que tendrán lugar y que recuperéis la curiosidad que tienen los niños. ¿Por qué? Porque a través de un telescopio tendremos el universo a nuestro alcance y podremos mirarle a los ojos.


* Puedes conocer más a Antonio Pérez Verde en su blog Los Pilares de la Ciencia y en Twitter: @aperezverde